Desastres por huracanes: ¿tenemos responsabilidad como humanos?

Las costas mexicanas de la península de Yucatán recibieron al huracán Delta, y poco a poco va avanzando hacia otras costas. Esto dejó consecuencias tristes en varios puntos. Hoteles tuvieron que ser evacuados por el riesgo en las costas, hubo inundaciones y suspensión de servicios. 

Imagen por SDP noticias

Desde nuestra visión antropocéntrica este fenómeno es desastroso, y ciertamente tiene efectos terribles para las comunidades y difíciles de justificar. También tiene efectos en ciertos grupos biológicos, como aves que no pueden huir de estas catástrofes. Sin embargo,  los huracanes tienen su función en los ecosistemas, que a su vez proveen servicios para la humanidad. Un ecosistema sano tiene la capacidad de satisfacer las necesidades básicas humanas, pero cuando la presión es demasiada, peligramos todos como planeta.

El planeta completo está relacionado, y la temperatura es uno de estos aspectos que están regulados por fenómenos como el aleteo de la mariposa: lo que se origina en un punto tiene consecuencias en otros lugares más lejanos. Así es el caso de los huracanes, que son parte esencial para la regulación de la temperatura, específicamente para disminuirla, con un efecto de enfriamiento. Mediante las corrientes de temperaturas pueden devolver el balance al sistema que es el planeta entero. De este proceso se benefician las comunidades de seres vivos, como los arrecifes de coral. Estos son muy sensibles a la temperatura, y la elevación de pocos grados centígrados los lleva al estrés, eliminando la simbiosis algarea de la que depende su alimentación. Cuando llega un huracán, las temperaturas bajan y los corales tienen la oportunidad de recuperarse. Esto recupera las ricas comunidades que viven en los corales, como peces juveniles que crecen en estos ecosistemas, crustáceos y equinodermos.

Este fenómeno ayuda también a remover suelos estancados, y a renovar los ecosistemas. Por ejemplo, asisten en la estructuración de bosques tropicales en cuanto a la edad de los árboles, bajo la premisa de que parte de la dinámica ecosistémica se acondiciona mediante disturbios de esta índole.

Ahora, existe un balance dentro de la naturaleza que ha funcionado desde millones de años, pero la actividad humana es responsable de que los efectos signifiquen un riesgo. El cambio climático es la primera causa que aumenta la frecuencia de los huracanes. Estos requieren una temperatura mayor a los 26°C, y con el aumento de temperatura se vuelven más frecuentes, a partir de 1995 fue cuando se registró que el número de huracanes aumentaba. Al día de hoy tenemos el ejemplo del huracán Katrina, que dejó sin hogar a cientos de personas.

La deforestación es la siguiente causa que maximiza los efectos negativos de este fenómeno, principalmente en los manglares. Estos ecosistemas se componen de árboles, que llevan el nombre del ecosistema, con una impresionante capacidad adaptativa donde soportan los altos niveles de salinidad de las zonas intermareales, cercanas al mar. Por su estructura, estos son parte vital para la contención de los huracanes y tsunamis, donde la marea y vientos son atenuados antes de que lleguen a la costa. Gracias a ellos, la fuerza de los huracanes no llega con tanta fuerza, protegiendo a todo tipo de comunidades, desde humanas hasta animales.

Pero la historia toma otro curso cuando la codicia humana entra al juego. Con el crecimiento y desarrollo, se han ampliado los complejos turísticos que arrasan con todos los ecosistemas costeros, entre ellos los ya mencionados. La presión a estos ecosistemas no solamente afecta a la absorción de CO2 relacionada a la vegetación, sino que elimina la barrera natural que protege contra los fuertes vientos. En Cancún es común la tala de manglares para los desarrollos turísticos. México es el cuarto país en el mundo con más extensión de humedales costeros, pero su rápida deforestación genera el 10% de las emisiones globales anuales. Estos hoteles son los primeros que sufren las consecuencias, y la naturaleza se encarga de equilibrar la balanza sobre lo que le fue arrebatado. Recordemos que el impacto de nuestra dinámica como humanidad tiene efectos en más componentes de los que creemos.

Referencias:

Ihl, T., & Frausto, O. (2014). El cambio climático y los huracanes en la Península de Yucatán. Frausto, O. Monitoreo de riesgo y desastre asociados a fenómenos hidrometeorológicos y cambio climático. Chetumal, México: Universidad de Quintana Roo, 42-49.

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Walker, L., Lodge, D., Nicholas V. L. Brokaw, & Waide, R. (1991). An Introduction to Hurricanes in the Caribbean. Biotropica, 23(4), 313-316. doi:10.2307/2388246

Sandilyan, Sambandam & Kandasamy, Kathiresan. (2015). Mangroves as bioshield: An undisputable fact. Ocean & Coastal Management. 103. 94-96. 10.1016/j.ocecoaman.2014.11.011.

Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2016) Los manglares mexicanos (en línea) Recuperado el 8 de octubre del 2020, de https://www.gob.mx/semarnat/articulos/manglares-mexicanos

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