¿Es realmente el ser humano una unidad de vida?- por A. Thienemann

August Thienemann fue un naturalista alemán, que delineó los inicios de la ecología de comunidades. En este fragmento del libro Leben und Umwelt, plantea una nueva perspectiva sobre el concepto de humano como ser vivo. Este escrito invita a estimular la concepción que tenemos sobre nuestra especie, llevado de la mano por las ideas de un científico de siglo XVIII.
Traducido del alemán por Ulla Rothschuh.

El término ser viviente no engloba solamente a los organismos animales o vegetales existentes, sino que también incluye a unidades de vida superiores. Bajo este concepto se pueden entender una variedad de cosas. Así tienen algunos grupos de animales una división de trabajo como los sifonóforos, parientes de las medusas, que en comparación con otras células y organismos son considerados individuos de un tercer orden. Hay animales con sus simbiontes intracelulares, es decir algas, bacterias u hongos- pensando en los pólipos verdes de agua dulce o en los en los múltiples casos de simbiosis bacteriana en los insectos descubierta por Buchner y sus estudiantes-pero pueden existir en otro sentido una unidad de vida más alta; a esta también pertenece el parásito que está conectado con su huésped, o el caracol unido a su caparazón. Otra forma de unidad de vida superior, o sobreindividuos en su totalidad, son las que presentan ambos sexos. También se recuerda que el carácter morfológico, fisiológico y psicológico de cada pareja de diferente sexo sólo se entiende desde el punto de vista de otros, en función de la relación con un futuro tercer miembro de una entidad aún superior: el hijo.

“¿Es realmente el ser humano una unidad de vida?” Sin duda, como personalidad, pero no en el sentido biológico. En efecto, la mujer y el hombre son capaces de vivir como individuos, cada uno para sí, pero la raza humana, la especie Homo sapiens, vive sólo a través de su comunidad. Ambos son miembros de una unidad de vida superior: “el humano”, y este sistema de dos miembros es el humano completo. Así funciona con todos los seres de dos sexos. Y en realidad uno debería ir más allá con el hijo en esta unidad de vida. Mucho de la construcción y naturaleza de los padres, más de la madre, está dirigido y será entendido sólo por la próxima generación.

Bibliografía

Thienemann, A. (1956). Leben und umwelt. Berlin: Deutsche Buch Gemeinschaft.

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