FEST Y ¿VALES LO QUE APORTAS?

“Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma” nos canta Jorge Drexler desde un escenario, en algún concierto del mundo, mientras nosotros nos encontramos en el lugar correcto presenciando a nuestras bandas favoritas en algún festival esperando que el espectáculo sea proporcional al precio que se paga por dicho evento, donde las expectativas son grandes cuando hablamos de los ya tan esperados festivales que tenemos la Ciudad de México y sus estados representativos dando por hecho que cada encuentro las bandas sean aún mejores que las del año anterior, la decoración y ambientación nos deslumbre, las actividades nos apantallen y la comida y bebida sea buena y no tan costosa.

Somos gustosos en el recibir más, ¿en qué escenario queda el dar? Nuestra cultura nos ha enseñado a buscar los mejores y mayores beneficios de cada situación a como dé lugar, que siempre sea cual sea la circunstancia salgamos ganando algo, jamás con las manos vacías. Cuando hablamos de festivales o conciertos hacemos referencia desde el estar compartiendo casi la misma respiración con la banda que se encuentre tocando en el escenario, peleando codo a codo por el lugar pegado a la valla de seguridad y capturar los mejores videos y selfies para nuestras redes, hasta el regalo que brindan los patrocinadores sea cual sea.

Cuando la magia del evento cesa al final del día el espacio destinado al evento cuenta otra experiencia que se adorna de cientos de vasos de cartón o plástico, charolas, servilletas, botellas de agua, envolturas y demás basura que satura los alrededores del lugar y que a nuestro paso a la salida del recinto sigue siendo funcional para patearse o aventarse hasta donde nuestro ocio ceda.

Tenemos conciencia en otros espacios y contextos de nuestra vida donde el orden y la organización funcionan correctamente en nuestro día a día y nos genera satisfacción desde nuestro hogar, la escuela, el trabajo, en nuestras relaciones interpersonales más que sucede en espacios abiertos donde la libertad se desborda al concepto de desmedirnos en la emoción, la adrenalina y la energía, alcanzándonos en el desbordamiento de la contaminación de un espacio que llega a ser nuestro hogar de manera temporal o que volvemos a él año tras año y da para pensar que si en la casa en donde vivimos se encontrara en las mismas condiciones que los recintos musicales.

“Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da…”. La música es el espacio para la expresión, la creatividad y la creación, acaso desde la música ¿será posible la transformación para nuestras creencias, hábitos y pensamientos cuando hablamos de coexistir en un espacio y preservarlo al mismo tiempo? Es una tarea compleja redireccionar nuestro mirar y actuar a lo establecido más lo establecido a veces nos rebasa cuando la situación no da para más.

Preparemos nuestro mejor outfit, bloqueador, gafas del sol, un buen calzado que nos permita estar horas y horas parados y bailando, los boletos del evento y la acción que aportaremos al siguiente concierto al que asistamos.

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